REFLEXIONES SOBRE PERSONAS MAYORES
HIPATIA Asociación Intercultural

REFLEXIONES SOBRE PERSONAS MAYORES

Un artículo de Federico Marotta

Federico Marotta | 4 abr 2025


REFLEXIONES SOBRE PERSONAS MAYORES

 

Como integrante del Centro Intercultural Hipatia y a su vez Director de Radio Cultura me permito estas reflexiones.

La definición “gent gran” o “personas mayores” puede variar y lo seguirá haciendo al pasar el tiempo. Algunos etiquetan esta definición a quienes ya han cumplido 60 años, otros 65. Lo que parece confirmarse es que el término “ancianidad” ya no correspondería a esta franja. Creo que depende de la actitud de las personas al llegar a esta cercanía jubilatoria.

Hay personas que continúan activas sea la edad que tengan, o que posponen su jubilación. Tal vez por eso la definición pasa por esa actitud que las personas posean al llegar a determinadas edades. Por otra parte, como la edad jubilatoria va en aumento y la expectativa de vida también, podemos considerar que el término “gent gran” o “persona mayor” pueda referirse a una pre-ancianidad, que se considera ésta ya en edades superiores a los 70 años. A la definición general del tema cabe aceptar las diferentes actitudes y pensamientos ante la vida actual.

 

Conozco personas mayores que ya se sienten anacrónicas en la sociedad actual. Luchan para que las nuevas generaciones tomen un libro en papel, se alejen del móvil, de los cascos cuando caminan la calle. Pero esa lucha es imposible. Sólo cabe la aceptación. Una suerte de filosofía estoica en donde debemos aceptar lo que no somos capaces de controlar.

Podremos blasfemar incluso ante el modo de vida imperante pero es que la evolución va más rápido de lo que somos capaces de aceptar y sabiendo que la tecnología va más veloz aún y que se necesita ayuda para vivir lo cotidiano.

No hay solución para las personas mayores, gestionar en una institución de gobierno, en un banco, pedir una cita… todo es una tecnología que siendo jóvenes ni pensábamos podía llegar a existir. Crecimos muchos sin siquiera tener un teléfono fijo en casa y hoy uno va en persona a una oficina pública a solicitar información y lo devuelven a casa con una dirección de internet para pedir cita. “Pero si estoy aquí, delante suyo, en la oficina donde quiero que me atiendan…”. Pero no hay caso. El supuesto avance nos ha deshumanizado y esto es de lo que más extrañamos las “personas mayores”. La presencia parece no servir, es más importante tener la “firma digital”. Pertenecemos al panorama de lo “virtual” y eso nos aleja aún más de la realidad que fuimos viviendo y que nos cuesta aceptar.

 

Creo que habrá pasado en todas las generaciones anteriores y seguirá ocurriendo. Las “personas mayores” necesitan ser escuchadas. Teniendo mucho más pasado que futuro la idealización de nuestro pasado nos alimenta la necesidad de expresarnos. Toda actividad es válida para esta socialización y ser comprendido por similares edades. En el casal de barrio, en un club o en una asociación, son todas organizaciones que necesitan el respaldo de las instituciones que, al caso, harían el sostén frente a la ausencia comprensiva de las generaciones jóvenes. No es afán de cuestionar a éstos, pues todos hemos pasado por ello, es un ciclo constante donde todos hemos sido culpables.

Recordar es volver a pasar por el corazón, emocionarse o inundar los ojos del pasado. Tener alguien que escuche es ya imprescindible y si no la hay, la persona mayor disimula todas las faltas posibles de familiares. La persona mayor generalmente no busca culpables, aunque no los vayan a visitar o escuchar. No busca culpables aunque terminen en una residencia o en la soledad.

 

Tenemos que crear más profundamente la cultura de escuchar. Muchas veces escuchamos sólo para responder o dar nuestro punto de vista o hablar sobre nuestra experiencia. Nos hace falta escuchar para comprender, para empatizar.

A veces estás contando una historia de tu vida y la persona que te escucha te interrumpe porque se siente identificada o sabe de lo que estás hablando y así comienza a hablar sobre sí y te dejan en la nada. Esto confirma la necesidad de ser escuchada.

 

Llevo haciendo radio casi toda mi vida. Muy pronto comprendí que las personas mayores se sienten plenas cuando te interesas por su pensamiento y su pasado, cuando te cuentan historias y te generan un aprendizaje. Escuché y lo sigo haciendo, a personas mayores que se sensibilizan. Porque me gusta y porque aprendo. Aún ahora, siendo una “persona mayor”, quiero seguir aprendiendo.

 

Estimular la actitud y las ganas de hacer cosas es tan saludable como necesario. Apoyar a las personas mayores que se unen por un cometido, por un proyecto aun a mediano o largo plazo, a pesar de la edad. Que el final del ciclo nos encuentre creando. Que ese final del ciclo cuente con ese apoyo y comprensión necesario por parte de todos. Para que aceptemos la rapidez de la evolución de esta sociedad que integramos.

Sabemos que las visitas al médico son frecuentes, que los medicamentos crónicos aparecen al abrir cualquier cajón y que debemos cuidarnos cada vez más. Pero hay formas de convivir, de sentirnos útiles y así, de vivir. En cualquier manifestación artística o colectiva o hasta individual, pero creando, sintiendo que el aporte es valioso. Que seguimos formando parte.

La gente mayor necesita el afecto cada vez más, un mensaje, un buen día, un paseo, un detalle. La sensibilidad de las personas también cumple años y se pone mayor, cosa que tanto nos costó comprender a nosotros mismos cuando presumíamos de juventud. El tiempo es cada vez más valioso porque el final del ciclo se acerca, inexorablemente.

La soledad, muchas veces necesaria y querible, no debe transformarse en enemiga.

Para que no pensemos que somos anacrónicos y que podemos seguir aportando. Con respaldos como cualquiera, sin lisonjas, con autenticidad.

Comprender que nuestra rebeldía de juventud, el rock, las revoluciones, el pelo largo… son el móvil y los cascos de hoy, el individualismo y el vértigo del presente.

Quizás seamos capaces de volver a preguntarle a un amigo “si quiere salir a jugar”, si nos acompaña en un viaje de aventura o nos ayuda a conquistar un corazón, si nos lee, si es capaz de pasar un rato con nosotros sin hablar palabra, si puede escucharnos.

 

La fuerza física de la juventud se transforma en mental cuando pasamos a ser personas mayores. La paz es necesaria en nuestra vida como el bienestar de los familiares. La edad mayor te enseña que eres más feliz con los logros de los hijos o nietos que con los tuyos propios. Tenemos la experiencia, cuestionable quizás. Tal vez no sabemos como transmitir esa experiencia, tal vez no nos dejan o no tenemos las vías para hacerlo.

No es cuestión sólo de ver evolucionar la sociedad en ese silencio de persona mayor. Somos parte de esa sociedad, aunque quiera expulsarnos sin querer, con la excusa del avance tecnológico.

Nos falta desarrollar más el avance humano.

Y aquí estamos, haciendo cosas aunque no nos comprendan.

Y aquí estamos, necesitando ayuda sí, de la sincera.

Y aquí estamos, esperando que golpeen nuestra puerta para invitarnos a salir a jugar.

                                                 Federico Marotta

Imagen: de la página grupociudadjardin.com

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